La pregunta que se susurra en algunos Estados del Golfo Árabe, que durante mucho tiempo se creyeron inmunes al tipo de levantamiento popular que ahora sacude a Egipto, es: "¿podría alguna vez suceder aquí?". Mientras la revuelta de Egipto amenaza hacer añicos el statu quo político del mundo árabe, la vida continúa como siempre desde Kuwait a Arabia Saudita: la gente viaja al trabajo por caminos polvorientos, compra y come en los centros comerciales de lujo. Pero en casa, se pegan a las imágenes de televisión de las calles de El Cairo. Después de ocho días de incesantes protestas que amenazaban con quebrar los 30 años del presidente egipcio, los Estados del Golfo no pueden evitar preguntarse cuán lejos se propagará la agitación y cómo podría impactar en sus propios Gobiernos. "La lección es que si puede ocurrir en Egipto, puede ocurrir en cualquier lugar. Hubo siempre una sensación de que el régimen egipcio era más unificado y más despiadado, y que hallaría de algún modo una forma de hacerlos retroceder, y creo que hemos estado equivocados", dijo Shadi Hamid, analista de Brookings Center en Doha. Los analistas coinciden en que los países del Golfo no están bajo un riesgo serio o inmediato de revuelta, y eso sólo podría ocurrir si los disturbios se propagan primero al mundo árabe más amplio en países como Yemen, Jordania, Siria, Argelia y Libia. Los gobernantes del Golfo han ofrecido a sus pueblos una riqueza relativa a cambio de sumisión política, pero al mismo tiempo la gente se da cuenta de que un cambio fundamental está teniendo lugar. "El mundo árabe no volverá a ser lo que era un mes atrás", opinó Hamid.